miércoles, 6 de julio de 2011

La masturbación… ¿cómo combatir el impulso?



“ES UNA adicción muy fuerte”, dijo un joven que luchó contra la masturbación por más de 15 años. “Tiene tanto poder de crear hábito como las drogas o las bebidas alco­hólicas.”
Sin embargo, el apóstol Pablo no permitió que sus deseos llegaran a ser como un amo exigente para él. Por el contrario, escribió: “Aporreo mi cuerpo [los deseos carna­les] y lo conduzco como a esclavo”. (1 Corintios 9:27.) Fue firme consigo mismo. Un esfuerzo similar hará posible que cualquier persona se libre de la masturbación.
`Ten la mente preparada’
Muchos se masturban para aliviar la tensión y la ansie­dad. Sin embargo, la masturbación es una manera infantil de reaccionar a los problemas. (Compara con 1 Corintios 13:11.) Es mejor demostrar “capacidad de pensar” y ata­car el problema mismo. (Proverbios 1:4.) Cuando te ago­bien problemas y frustraciones, ‘echa toda tu inquietud sobre Dios’. (1 Pedro 5:6, 7.)
¿Qué harías si por casualidad vieras u oyeras algo que te estimulara sexualmente? La Biblia recomienda: “[Ten­gan] la mente preparada [...] viviendo con sobriedad”. (1 Pedro 1:13, Nueva Biblia Española.) Ten la mente preparada para rechazar el pensamiento de inmoralidad. En poco tiempo se disipará la excitación.
Pero es particularmente difícil rechazar los pensa­mientos impropios cuando uno está solo de noche. Cierta joven aconseja: “Lo mejor es salir enseguida de la cama y ocuparse en algún trabajo, o quizás comer algo, para ocupar la mente en otras cosas”. Sí, oblígate a meditar en `cuantas cosas sean de seria consideración, justas, castas, amables, de buena reputación’. (Filipenses 4:8.)
Si no puedes conciliar el sueño, trata de imitar al fiel rey David, quien dijo: “Cuando me he acordado de ti [Dios] sobre mi canapé, durante las vigilias de la noche medito en ti”. (Salmo 63:6.) El que te obligues a meditar en Dios y en sus cualidades suele refrenar el impulso. También te ayuda el seguir pensando en cómo ve Dios ese hábito inmundo. (Salmo 97:10.) 
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Toma medidas preventivas

Bajo inspiración divina, el sabio dijo: “Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse, pero los inexpertos han pasado adelante y tienen que sufrir la pena”. (Proverbios 22:3.) Puedes demostrar que eres sa­gaz si manifiestas previsión. Por ejemplo, si te das cuenta de que el participar en ciertas actividades o ponerte ropa ajustada o comer ciertos alimentos te ha estimulado se­xualmente, entonces evita esas cosas. Por ejemplo, las bebidas alcohólicas llevan a uno a inhibirse menos en sus acciones, y dificultan el dominio de uno mismo. Además, evita a toda costa cualquier lectura, programa de televi­sión o película de contenido sensual. El salmista oró: “Haz que mis ojos pasen adelante para que no vean lo que es inútil”. (Salmo 119:37.)

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Los tres consejos

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JESÚS TE DICE ...


No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas. Háblame así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado.

Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón ; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

¿Traes ahora mismo entre manos algún Proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿qué piensas? ¿qué deseas? ¿qué quieres que haga por tu hermano, por tu amigo, por tu superior? ¿qué desearías hacer por ellos?

¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí?

¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿quién lastimó tu amor propio ? ¿quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas. ¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio... ; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

jesús

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